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FUENTE; AGENCIA BRASIL

Marina, frágil pero luchadora

Una aproximación al perfil, las luchas y las contradicciones de Marina Silva, la líder ambientalista que pisa fuerte en las elecciones brasileñas

Publicado: 2014-09-07

“En este momento no sé si seré candidata nuevamente”, dijo, mientras conversábamos cerca a una ventana del Centro de Convenciones de la Amazonía, ubicado en la ciudad de Belém do Pará, la urbe asentada en la desembocadura del río Amazonas. Afuera arreciaba una lluvia tropical, algo furiosa, que no opacaba el eco de sus cautelosas palabras.

Era el 16 de noviembre del 2011 y Marina Silva, la hoy postulante presidencial que pisa fuerte en las elecciones brasileñas, no escondía su fragilidad corporal pero a la vez exhibía solidez en sus convicciones. Hablaba de “liderazgos multicéntricos”, de una “nueva política, de un “Estado movilizador”. La delgadez no estaba en sus ideas, solo en su cuerpo.

Vuelo del destino

Tres años después, esa delicada mujer, que en medio del calor amazónico se cubría con un manto de color azul, ha entrado con fuerza en la carrera por llegar al Palacio de Planalto, la sede del Poder Ejecutivo brasileño. Irrumpió inesperadamente, tras la muerte de Eduardo Campos, el candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB).

Silva hizo una alianza con dicho partido debido a que ‘Desarrollo Sustentable’, el movimiento que formó tras abandonar el ‘Partido Verde’, no alcanzó las 500 mil firmas que en Brasil se necesitan para la inscripción. Por eso, a pesar de su popularidad, iba como candidata del PSB a la vicepresidencia. Pero el 13 de agosto la historia dio un vuelco.

Campos se estrelló en una avioneta junto con su comitiva de campaña en Santos, un municipio del Estado de Sao Paulo, y falleció dejando a los socialistas huérfanos de candidato. Cuando aún el dolor –partidario y nacional– no se disipaba, el nombre de la otrora ministra del Medio Ambiente del expresidente ‘Lula’ comenzó a sonar como bendito reemplazo.

Fiel a su talante discreto, ella no se pronunció sobre el tema y solo declaró que fue una “providencia divina” no subir al mismo avión, pues le correspondía ser parte de ese viaje. Sin embargo, tal vez hubo una razón más terrenal: su miedo a volar.

Una semana después, el 20 de agosto, Silva fue ungida como la nueva candidata del PSB, y ya se intuía que su presencia provocaría un giro radical en la campaña. En efecto, así fue: en la primera encuesta tras el impredecible desenlace, realizada por la empresa Datafolha en varias ciudades, la nueva postulante ya se disparaba.

Su ascenso ya no fue hacia las nubes en un avión, ni hacia las alturas espirituales por donde a veces ronda (una proclividad a la que apuntan sus detractores), sino hacia la presidencia. En prácticamente todas las encuestas que se han hecho desde que está en carrera oficialmente, siempre le gana en segunda vuelta a la mandataria Dilma Rousseff.

La hija del caucho

El frágil aspecto de la ahora poderosa candidata tiene un origen personal y social. María Osmarina Marina Silva nació, como Lula, en predios humildes, pero quizás incluso más precarios que los que vieron crecer al líder sindicalista. Su cuna fue la modesta comunidad de Breu de Velho, situada en el estado del Acre, al noroeste de Brasil.

Llegó al mundo un 8 de febrero de 1958, en una familia con 11 hijos, de los cuales 3 murieron atacados por el sarampión y la malaria. Su propia madre, María Augusta, se fue de este mundo cuando Marina tenía 15 años. Y ella misma sufrió, sumergida en la intemperie de la pobreza, la hepatitis, la malaria y la leishmaniasis.

Las dos primeras enfermedades la atacaron no una, sino 2 y hasta 3 veces, lo que explica el aura de fragilidad que tiene y que en su día a día le impide maquillarse, comer mariscos, echarse perfumes o beber alcohol. Todo ese infortunio, empero, no impidió que se aventurara hacia otros territorios de la vida.

Como sus padres, fue ´serengueira’ (recolectora de caucho), un oficio extendido entre los más pobres de Acre. Su salud hizo que la enviaran a Río Branco, la capital del Estado, donde aprendió a leer y escribir recién a los 15 años. Por entonces, también abrigó el deseo de ser monja y trabajó como empleada doméstica.

En esa ruta, se topó con dos personajes que marcaron su devenir: el teólogo de la liberación Clodovis Boff y el líder ambientalista Chico Mendes. La semilla de su discurso político y su práctica social, identificada con la conservación de la naturaleza, parece encontrarse aquí, en ese trance que la alejó del convento y la aproximó a la lucha social.

Con Mendes fundó en 1984 la Central Única de Trabajadores de Acre y ambos levantaron una propuesta que hasta ahora se puede rastrear en sus planes de gobierno: se puede extraer un recurso (el caucho, como ella lo hacía), y a la vez preservar la Amazonía. En esos años, Silva también se vinculó al PT (Partido de los Trabajadores).

Política y ambiente

El 22 de diciembre de 1988 Mendes fue asesinado, en la puerta de su casa, por sicarios que enviaron unos ‘fazendeiros’ (hacendados). Un mes antes, el 15 de noviembre, Silva había sido elegida concejal del municipio de Río Branco, con lo que iniciaba una carrera política que, en cierto modo, recogía el talante compartido con su compañero de lucha.

A la vez, adquirió perfil propio por su honestidad (se negó a recibir prebendas que los otros concejales recibían). Dos años después, en 1990, ganó con una altísima votación un escaño de diputada estatal de Acre. Cuatro años más tarde, en 1994, llegó al Senado Federal con 36 años, algo que en Brasil nadie había logrado a esa edad.

En esta etapa de su carrera se convirtió en una de las primeras representantes en insistir en que Brasil tenga un plan frente al cambio climático, empeño que, según sus partidarios, hizo que el gobierno –mucho más tarde, en el 2009– anunciara metas claras frente al fenómeno. Su cariz ambientalista, cultivado desde la juventud, se mantenía.

Fue por eso que cuando ‘Lula’ llegó al poder en el 2003 la nombró Ministra del Ambiente, como el ecosistema político brasileño preveía. Se tomó en serio el cargo: procuró que el ingrediente ambiental fuera transversal a todas las acciones del gobierno, y logró que la deforestación bajara de 27.429 km² en el 2003 a 11.224 km² entre el 2006 y el 2007.

El 13 de mayo del 2008, ya en el segundo período presidencial del PT, tras numerosos desacuerdos por las políticas globales del gobierno (uno de ellos fue la decisión de impulsar proyectos hidroeléctricos en la Amazonía), renunció al cargo. Consecuente con su estilo, lo hizo sin pelearse estruendosamente con el popular mandatario.

Tal vez esa suave firmeza le permitió mantenerse vigente políticamente, al punto que en las elecciones presidenciales del 3 de octubre del 2010, como candidata del Partido Verde, sacó casi 20 millones de votos, un sorprendente 19.33%. Quedó tercera, detrás de José Serra del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y de Dilma Rousseff.

Camino al poder

En los días que quedan de acá al 5 de octubre, fecha de los nuevos comicios, se sabrá si esta mujer, de procedencia humildísima y ganadora de varios galardones conservacionistas (Premio Goldman en 1996, Medalla del Duque de Edimburgo en el 2008, entre otros) tiene aire para llegar a Planalto.

Ya se cuestiona su presunta ‘ruleta bíblica’ (consultar la Biblia para todo), o sus dudas frente al matrimonio igualitario, al que ha convertido en ‘unión civil’ para no chocar con los evangélicos.

Los inversionistas la miran con interés, porque quizás la preferirían a Dilma. Aún así, sigue teniendo el aura frágil que exhibía esa tarde en Belem do Pará. Su fortaleza, mientras tanto, continúa firme dentro de sus ideas.

Publicado en DOMINGO de La República el 7/9/2014


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Meditamundo

Un blog de Ramiro Escobar